1.13.2009

HEROÍNA

.
«Si las puertas de la percepción fueran liberadas,
todo aparecería ante el hombre tal como es: infinito.»
William Blake
.
Nicolás había vuelto a los malos hábitos de antaño, a compartir con Emilio aquella sustancia que recorría sus venas y los ponía más allá de este mundo, más allá del bien y del mal de esta desdibujada sociedad, más allá de esta comarca habitada por snobs. Más allá, siempre más allá... Lo acompañaba al Club y se entregaba a disfrutar de aquella capacidad única de Emilio de evocar y casi reencarnar a Miles, el ídolo que vestido con ropajes cool veneraban como a el verdadero Mesías que alguna vez se cruzó por sus bohemias existencias y les descubrió una vida llena de otras vidas y llena de los monocromáticos colores de la noche. Nihilismo y placer sexual contenidos en aquellas melodías cálidas, acotadas y llenas de lirismo, a pesar de la heterodoxa tendencia atonal con que Emilio acostumbraba abordar cada nueva frase al momento de improvisar sobre la base rítmica en que ocasionalmente participaba Nicolás y arremetía desde el contrabajo como un torbellino incontrolable, desechando las viejas fórmulas armónicas e implementando el decálogo modal.
Así transcurría cada noche de jam session. liderada por Emilio, mientras Susana dejaba su refugio plástico para visitar antiguos clientes y, a cambio de efímero placer, volver con el dinero que terminaba en los bolsillos del dealer de turno, aquel mercader que sostenía las noches de inspiración sobre el escenario. En el fondo, ella no sabía si lo amaba, odiaba, o simplemente estaba acostumbrada a su presente ausencia. Intuía que necesitaba protegerlo para protegerse a sí misma... Al amanecer las tres individualidades volvían a la estrecha morada y al cerrar la puerta penetraban un desconsolado mundo de embriaguez y apatía existencial. En realidad, cada uno vivía aislado bajo su propio karma. Los momentos de comunión que se daban entre Emilio, Susana y Nicolás en el Club o en algún otro bar, sólo representaban el déjà vu de otro tiempo, de un tiempo perdido como imagen desechada en el espejo roto de un motel barato.