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«Me gustan demasiadas cosas y me confundo y desconcierto corriendo detrás de una estrella fugaz tras otra hasta que me hundo. Así es la noche, y eso produce. No puedo ofrecer más que mi propia confusión.»
Jack Kerouac
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Mientras a lo lejos todavía se escuchaba cada frase acotada de “Blue Train” como si Coltrane fuese reflejo de cada paso hasta llegar al hotel, Carol se quita los zapatos y los deja en el pasillo. Es su primera noche en la ciudad, una ciudad desconocida donde durante la tarde había coincidido con su acompañante en el ascensor. El estaba ansioso por estar a solas con ella, mientras que ella pensaba que no debía pasar la noche con él, que todavía no era más que un desconocido y que éste no era el momento ni el lugar para conocerlo. Sin embargo, un impulso profundo le impedía no acompañarlo a su habitación, le era imposible abortar de una vez el encuentro.
El era extraño. En todo momento durante la cena le pareció que en el fondo no estaba allí cuando todos los demás creían que si estaba allí. Pero le atraía, le gustaba como la miraba, como la acosaba con la mirada y con las palabras, a ratos burdamente y con indisimulado morbo.
Entraron sin encender la luz y en medio de la oscuridad trató de besarla por primera vez, lo cual ella impidió amablemente. Carol disfrutaba jugar, dilatar el momento, ser deseada, provocar. Sabía que el se había interesado en ella desde el primer momento, desde que coincidieron como pasajeros en el mismo hotel. Ahora eran los dos solos en medio de aquel lugar. Ella le aclaró que aquella noche no la pasaría con él, el dijo que no llegaría a penetrarla... Se abrazaron en la oscuridad mientras que en el reproductor mental, comenzaba a sonar “Blue in Green” de la mano de Miles, del gran Miles Davis de "Kind of Blue".
Se acariciaron sin desnudarse, se besaron sin prisa a pesar de saber de la proximidad del amanecer. Ella sabía muy bien como seducir a un hombre: una mirada, un gesto, una sonrisa, una frase adecuada, en fin, era eficaz provocando los mecanismos masculinos. Mientras Claude acariciaba sus hombros y espalda por debajo de la blusa, Carol hacía lo suyo con el rostro de él. Luego ella le brindó su escote, le obsequio un pequeño alfiler de gancho con el que contenía su busto tras la blusa semitransparente. El posaba sus manos sobre sus glúteos, mientras que ella pedía ser abrazada con fuerza. Quería sentirse protegida, al menos durante aquella noche de juerga lejos del hogar, lejos de compromisos, de responsabilidades y culpas.
Esa noche sólo quería sentirse mujer y ser deseada por un hombre como Claude.