4.27.2010

DÉJÀ VU

Buscas vestigios en tu madrugada, mientras una pequeña franja de luz corta tu rostro como una cicatriz que resalta en medio del oscuro daltonismo que invade mis ojos como una clara advertencia de soledad.
Cada poro se desvanece sobre el horizonte de ventanales de frío acero. Fuera del habitáculo, en el cotidiano boulevard de sombras, perros escarban sobre nuestros desechos como presintiendo el mañana.
Maldices a Dios, pues desde que su inexistencia se coló bajo la puerta ha traído más incertidumbre a tu memoria. Saboreas el néctar de la derrota como el mendigo la tierra de sus desvencijados zapatos.
Tu, enfundada en rojo corpiño esperando al filo de la calle delirante, mientras me deshago en la esquina del ser y habito el pálido azul del yo.