9.14.2011

MALL

Sentado en el patio de comida del mall mientras los monitores de televisión –ajenos a un día de paro y protestas- emiten “Terminator” en una de sus versiones, contemplo a los otros comensales, con la mente en otro lugar, totalmente ajeno a este centro comercial.

Es extraño detenerse a mirar a todos esos seres que comparten espacios en este día de lluvia y que se alimentan frente a utensilios desechables, desechables como aquellos sueños que truncados se acumulan en la barra del bar o en un ambiente tedioso. Observo a seres grises mientras pruebo una carne mongoliana, mientras escucho a Coltrane en la memoria. Trane si que sabía copar espacios, desarrollarlos hasta casi asfixiar a todo y a todos los demás, el sí tenía glamour, a pesar de vivir intoxicado, no como este espacio construido de lugares y gentes comunes, solo comunes seres de carne y hueso pero sin el éxtasis de habitar. Maldito jueves de pizzas en promoción; malditos seres que pupulan esperando nada, tan inútiles como aquel volantín encumbrado en día de lluvia.

Quizás el prozac ya no me hace efecto, pues tengo unas locas ganas de comérmelo todo, a pesar de haber subido desde ayer la dosis diaria del ansiolítico. Quizás sólo está nublado y no lluvioso como creí ver, pienso eso mientras te busco tras el cristal que lo domina todo, que nos observa.

Veo humanoides que desollados de alma juegan a acumular objetos y valores tan inútiles como sus diálogos de ciego. Veo empleados que trabajan hasta desvanecerse y luego transpiran sus sueños sobre una almohada contaminada. Veo extraños seres que desfilan a pesar de su armadura y golpean a otros seres en la calle. Veo almas ennegrecidas dentro de esa copa de licor que bebo a pequeños sorbos.

Trane, Trane, Trane… a lo mejor si hubieses de verdad fundado una religión te hubieses dado cuenta que hoy quizás sólo está nublado y no lluvioso como creí ver.