2.12.2012

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«Dejé de existir, caí de pronto desamparado de mí mismo,
porque el hombre ama su propia y obscura vida solamente.»
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11.01.2011

DIVINAS

Las chicas repasan el esquema, no porque no lo conozcan, pues cada detalle repetido desde siempre ya es parte de su complicidad gemelar, sino que lo hacen como una forma de entrar en calor en la fría noche, de estar a punto antes de salir. Ulorin sabe que con suave movimiento explorado desde su ajustado vestido debe esperar a que Amalthea comience con lo suyo. Es lo que esperan ellos. Saben que la escena representada por sus cuerpos idénticos pone eufórico al escaso público que espera noche a noche no ser atrapado por el amanecer gracias a unas copas de más.

Mientras ellas se acarician, ellos rugen, vibran como hienas al asecho. Huele a hembra, a sexo, a sudor de látex adherido a la piel. El lugar sin límites se estrecha al calor de la respiración de hermanas al unísolo como huella derramada sobre ese retrato de bizarro glamour en infinita noche de martes. Mientras Ulorin se posa en una silla al centro del escenario, Amalthea la encadena como símbolo de dominio sobre su alter ego. Los caballeros extasiados en su voyerismo piden más, mientras Amalthea dibuja líneas húmedas con la punta de su lengua sobre el cuello palpitante de Ulorin.

Otra noche de descarriados sueños de alquiler, otra jornada de sexo sin sexo, otra oportunidad para perderse en la oscuridad de local nocturno de puerto astral.

9.14.2011

MALL

Sentado en el patio de comida del mall mientras los monitores de televisión –ajenos a un día de paro y protestas- emiten “Terminator” en una de sus versiones, contemplo a los otros comensales, con la mente en otro lugar, totalmente ajeno a este centro comercial.

Es extraño detenerse a mirar a todos esos seres que comparten espacios en este día de lluvia y que se alimentan frente a utensilios desechables, desechables como aquellos sueños que truncados se acumulan en la barra del bar o en un ambiente tedioso. Observo a seres grises mientras pruebo una carne mongoliana, mientras escucho a Coltrane en la memoria. Trane si que sabía copar espacios, desarrollarlos hasta casi asfixiar a todo y a todos los demás, el sí tenía glamour, a pesar de vivir intoxicado, no como este espacio construido de lugares y gentes comunes, solo comunes seres de carne y hueso pero sin el éxtasis de habitar. Maldito jueves de pizzas en promoción; malditos seres que pupulan esperando nada, tan inútiles como aquel volantín encumbrado en día de lluvia.

Quizás el prozac ya no me hace efecto, pues tengo unas locas ganas de comérmelo todo, a pesar de haber subido desde ayer la dosis diaria del ansiolítico. Quizás sólo está nublado y no lluvioso como creí ver, pienso eso mientras te busco tras el cristal que lo domina todo, que nos observa.

Veo humanoides que desollados de alma juegan a acumular objetos y valores tan inútiles como sus diálogos de ciego. Veo empleados que trabajan hasta desvanecerse y luego transpiran sus sueños sobre una almohada contaminada. Veo extraños seres que desfilan a pesar de su armadura y golpean a otros seres en la calle. Veo almas ennegrecidas dentro de esa copa de licor que bebo a pequeños sorbos.

Trane, Trane, Trane… a lo mejor si hubieses de verdad fundado una religión te hubieses dado cuenta que hoy quizás sólo está nublado y no lluvioso como creí ver.

4.15.2011

SEVEN STEPS TO HEAVEN

Retrasada, estás ya muy retrasada, lo estás porque en el fondo no te interesa compartir con los mismos de siempre, con sus diálogos superficiales, con sus monólogos grandilocuentes, por eso llegas tarde al compromiso.
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Al entrar al salón ves que ya beben aperitivos y conversan sobre las presentaciones protocolares de la jornada, por eso te es más difícil integrarte, lo que haces silenciosamente acercándote a una colega, una mujer con la cual simpatizas. Mientras pruebas un bocadillo, reparas que
cerca está aquel hombre que te llamó la atención una tarde reciente en que coincidieron en un pasillo. El es nuevo aquí, pero se mueve con gran soltura entre sus pares, ríe y conversa animadamente con otros asistentes. Sigues atenta a tu diálogo, pero de vez en cuando escuchas su voz entre muchas otras voces que se entrelazan como eslabones en una red. Averiguas su nombre gracias a Diana, tu acompañante que algo más sabe de él. Luego, una llamada al teléfono móvil de ella comunicando un problema con su hijo, hace que se deba retirar de inmediato y se interrumpa la conversación que mantenían.
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Algo distraída estás cuando aquella voz que ya reconoces te dice: “No me imaginé que se juntarían casi todos acá hoy… ¿tu trabajas hace tiempo aquí?”, mientras su perfume queda al alcance de tu olfato respondes a su pregunta volviendo desde tu lapsus de distracción. La agradable conversación que comienza hace que olvides el desánimo original. Se trata de un hombre muy simpático. Su tono de voz y su sonrisa te agradan, y al tenerlo cerca, a tu alcance, lo encuentras aún más atractivo. Te gusta su compañía, sientes que podrías estar el resto de la noche escuchando sus comentarios asertivos, sus preguntas y respuestas provocadoras.

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Los demás asistentes comienzan a marcharse, lo que también harás pronto, pues Fernando te espera en casa preocupado de tu regresar más tarde en esta ocasión. Le dices a tu nuevo colega que ya debes partir y él ofrece acompañarte al estacionamiento. Caminan sin prisa, paso a paso a lo largo del pasillo que conduce a la calle. “¡Otro día podríamos juntarnos a compartir un café!”, exclama mientras se acerca a ti para despedirse. Esperas un beso en la mejilla, pero él busca algo más: un profundo beso en la boca es el resultado de la búsqueda.

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Te gusta como besa: lento y dulce tal como su tono de voz al hablar. En un pequeño papel le escribes tu email y teléfono para acordar en los siguientes días lo de la invitación a un café.

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Manejas de regreso en medio de la noche que anuncia lluvia por medio de gotas que se deslizan contra gravedad a lo ancho del parabrisas de tu automóvil mientras en el reproductor el piano de Herbie Hancock prepara la entrada a la trompeta de Miles.

3.15.2011

GRITA CUANDO TE QUEMES


«Todos íbamos a ser Rimbaud.
Todos íbamos a ser Artaud.
Todos íbamos a ser Edgar Allan Poe.»

Andrés Morales


Sientes un ruido blando mientras tratas de dormir. Tu cama no es una cama y tu habitación no es tu habitación. Agua fría afuera, agua fría adentro. Ya no interesa si estás en casa o en la calle, la sensación de pérdida de hábitat es la misma. No buscas heroísmo, tampoco incondicionalidad. “Sólo lo que vives es cierto, sólo lo que muere no tiene una mejor alternativa”, repites eso hasta el hartazgo mientras tratas de encender una pequeña estufa que no tiene ganas ni gas.



Sientes un ruido blando mientras tratas de dormir. Recuerdas que eres mortal mientras una uña cae cuando se desgarran las cortinas, esas viejas cortinas que aíslan el pequeño universo que cada noche es el refugio para sueños desvelados que se bifurcan entre la muralla y el suelo alfombrado. Traicionas a la loba y felino a cada minuto en que te sumerges en tu átomo de realidad y predices el delirio tras la gris puerta cerrada. Tras la ventana una imperceptible brisa cierra tus ojos.